Contrato fijo-discontinuo

Un contrato indefinido en el que el trabajo se presta de forma intermitente: la relación laboral no se extingue entre campañas, solo se interrumpe la actividad. Se usa para trabajos de naturaleza estacional o de temporada, y para los de prestación intermitente con periodos de ejecución ciertos o indeterminados.

Qué es un fijo-discontinuo

Es un contrato indefinido. Esa es la parte que casi siempre se malentiende: no es un temporal renovable ni un contrato a medio camino. La relación laboral no termina cuando acaba la campaña; lo que termina es la prestación de servicios. La persona sigue en plantilla, en situación de inactividad, esperando el llamamiento siguiente.

El artículo 16 del Estatuto de los Trabajadores, tras la reforma del Real Decreto-ley 32/2021, lo reserva para trabajos de naturaleza estacional o vinculados a actividades productivas de temporada, y para los que, sin tener esa naturaleza, son de prestación intermitente con periodos de ejecución ciertos, determinados o indeterminados.

En la práctica, esta figura absorbió buena parte de lo que antes se cubría con contratos por obra o servicio encadenados.

El llamamiento es lo que hay que hacer bien

Los criterios objetivos y formales del llamamiento se fijan por convenio colectivo o, en su defecto, por acuerdo de empresa. Esa segunda vía es la que suele necesitar la pyme cuyo convenio no dice nada del asunto: si el convenio calla, el procedimiento no desaparece, hay que pactarlo en la empresa.

En todo caso, el llamamiento debe hacerse por escrito —o por otro medio que deje constancia de la notificación—, con las indicaciones precisas de las condiciones de incorporación y con una antelación adecuada.

Si la empresa incumple, la persona puede ejercer las acciones que procedan, y el plazo empieza a contar desde el momento de la falta de llamamiento o desde que lo conoció. Qué acción concreta procede en cada caso es una cuestión jurídica que depende del supuesto, y es donde hay que llamar a la asesoría: lo que no es, desde luego, es un simple «no renovar».

Hay además una obligación de calendario que se olvida mucho: al inicio de cada año natural la empresa debe trasladar a la representación legal de las personas trabajadoras una previsión de llamamientos anual o, en su caso, semestral, y los datos de las altas efectivas conforme se produzcan.

La antigüedad cuenta entera

Las personas fijas-discontinuas tienen derecho a que su antigüedad se calcule teniendo en cuenta toda la duración de la relación laboral, y no el tiempo de servicios efectivamente prestados, con la excepción de aquellas condiciones que exijan otro tratamiento en atención a su naturaleza y siempre que responda a criterios de objetividad, proporcionalidad y transparencia.

Esto tiene un efecto contraintuitivo que conviene tener presente al presupuestar: alguien que trabaja cuatro meses al año acumula antigüedad los doce. Todo lo que se calcule sobre antigüedad —trienios, permisos, mejoras de convenio— corre también durante la inactividad.

Dónde se cruza esto con el cálculo de la indemnización por despido es terreno menos firme de lo que suele contarse. Hay doctrina judicial que, para la indemnización, computaba solo los periodos de prestación efectiva; es anterior a la redacción actual del artículo 16.6 y su encaje con ella no está pacífico. No lo damos aquí por resuelto: si hay una extinción sobre la mesa, el número lo tiene que calcular tu asesoría sobre el caso concreto.

Durante la inactividad

Los convenios colectivos de ámbito sectorial pueden crear una bolsa sectorial de empleo que integre a las personas fijas-discontinuas durante los periodos de inactividad, para favorecer su contratación y su formación continua mientras tanto.

Y la persona en inactividad no está cotizando por trabajo: puede acceder a la prestación por desempleo si reúne los requisitos. Eso no rompe el contrato ni el vínculo con la empresa.

Cuándo tiene sentido

Cuando el pico de trabajo se repite y es reconocible, aunque no en fechas ciertas. Un negocio con temporada alta clara, una actividad ligada al calendario escolar, una campaña que vuelve cada año.

La ventaja operativa es que no hay que volver a buscar, seleccionar y formar a nadie cada temporada, y la persona no empieza de cero. La contrapartida es que hay un compromiso real de llamamiento y una antigüedad que corre.

Si el pico es imprevisible y no se repite, el encaje es circunstancias de la producción. Si el trabajo es continuo, es un contrato indefinido ordinario. El fijo-discontinuo no es un punto intermedio para salir del paso: es la respuesta a un patrón concreto.

La comparación completa entre modalidades está en la guía de tipos de contrato de trabajo.

Cómo lo hace Aurora

Aurora lee las nóminas que prepara tu asesoría. Al cerrar el periodo, propone el asiento —sueldos y Seguridad Social de la empresa como gasto de personal, el IRPF retenido, las cuotas pendientes de ingreso y el líquido a pagar— y una persona lo confirma.

En un negocio de temporada eso importa más de lo normal, porque el coste de personal se concentra en unos meses y la tesorería no: el asiento lleva fecha del último día del periodo, así que cada mes refleja el gasto que realmente se devengó en él.

Lo que no es evidente para en revisión. Lo que se automatiza queda trazado y es reversible.

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